
Durante mucho tiempo se ha pensado que las emociones y pensamientos que las madres gestantes no influían para nada en el desarrollo de feto.Hoy se sabe, sin embargo, que no solo influyen decisivamente sino que pueden marcar el futuro del bebé para toda la vida.Al punto de que muchas de las dolencias que sufran siendo adulto pueden tener su origen en el algo que le impactó estando en el útero de la madre.
Nada más lejos de mi ánimo que justificar la necesidad de que las mujeres vuelvan a su afortunadamente superado papel de simples proveedoras y cuidadoras de hijos. Pero aun no siendo este mi ánimo eso no impide que tenga que exponer aquí, en este y otros artículos, la terrible responsabilidad que la naturaleza ha puesto en manos de las madres, no tanto de los padres.Y no tanto de los padres por el simple hecho de que son las madres, no solo los padres, quienes albergan y deben nutrir con su carne, pensamientos y afecto durante nueve meses-una eternidad intrauterina- el proceso de la casi definitiva formación psicológica de su hijo. Y eso, si se quiere hacer bien, exige una forma de ver y entender la maternidad que no es la forma en que se entendía antes, pero que tampoco es la manera como, en general, sen entiende ahora.Claro que ante lo hasta aquí expuesto, cualquiera puede objetar que no existen bases científicas definitivas que permitan afirmar que es la madre y casi solo la madre la gran responsable del futuro de sus hijos. Una objeción totalmente refutable.
PERCEPCIÓN EXTRA-UTERINA
En la publicación en torno a la técnica terapéutica Anatheóresis, que esta cuenta con un tipo de relajación especial al que se le ha dado el nombre de Introducción de Estado Regresivo Anatheóretico (IERA)-que sin pérdida de conciencia, o seacon una simple relajación profunda, permite a una persona adulta no solo visualizar, sino también, y de forma especial, vivenciar-ver y sentir-los daños que sufrió cuando estaba en el útero de su madre. Y que permite además a la persona que en este estado visualizar y vivenciar lo que ocurría fuera del útero cuando, siendo embrión o feto, sufría o gozaba los daños o gratificaciones que en ese momento vivía su madre. Un efecto de este último al que han denominado Percepción Extra-Uterina (PEU) y que, por fantástico que parezca, da siempre -siempre que la persona esté en perfecto IERA- hechos ciertos. Así, un paciente -y todos somos pacientes, porque todos estamos dañados aun cuando un momento determinado no mostremos somatizaciones-, un paciente repito puede sentir en terrible de la muerte que vivenció siendo feto, al tiempo, comprobar, viéndolo, que en ese mismo momento en que él estaba sintiendo que moría, su madre estaba intentando suicidarse tomando unas pastillas. Pastillas-y estoy hablando de un caso concreto que ilustra todos los demás- que el paciente en la terapia identificó con su nombre, identificando también al médico- por el tan desconocido como el intento de suicidio de su madre- que logró devolverle a la vida. Ya no es preciso un daño tan severo como un intento de suicidio: basta con que una madre no reciba con afecto necesario al hijo que acaba de saber lleva en su seno para que el embrión reciba emocionalmente ese rechazo y lo grabe en su carne y en su sangre. Que a fin de cuentas eso que llamamos Yo es básicamente el producto de esos daños y también de los momentos gratificantes con que nuestra madre nos va nutriendo desde el momento en que un óvulo es fecundado hasta los más o menos cinco años en que el hijo-niño o niña- empieza a identificarse con el padre.
Un proceso que se alarga, aunque de forma menos impactante, hasta la adolescencia.
Sé que toda madre desea lo mejor para ese bebé que lleva en su seno. Y sé también que, por esa razón, muchas de ellas sentirán emotívamente molestas con esta que afirmación de que habitualmente están gestando mal a sus hijos. Ante esto, la respuesta en muchos casos es que está por ver si lo que se afirma es cierto. Un objeción que cuantas madres la han hecho han tenido que abandonar al comprobar en si mismas al entrar en el estado de relajación-no durante el embarazo, que no hay que hacer terapia anatheorética- que cuanto se afirme fue verdad cuando ellas se encontraban en el claustro materno.Y que es verdad porque ellas, en ese estado de relajación, reviven los daños.O sesa, vivencias cuándo y cómo esos daños procedentes de sus madres ocurrieron y, lo que mas importa, resolvieron sus problemas disolviendo las cargas patológicas que esos daños mantenían vivas y actuantes. Porque Anatheóresis no es una teoría: se basa en hechos comprobables. Anatheóresis es ciencia.
Y precisamente porque es una ciencia se puede afirmar que ninguna mujer-gestante o con hijos- debe sentirse culpable ante cuando se afirma y ante cuanto se explica.. Y no debe sentirse culpable-la culpabilidad es siempre patológica- porque, por un lado sólo ahora se empieza a conocer la gran receptividad de los embrio-fetos; por otro porque no siempre el sistema sanitario y al estructura social en general permite que la mujer embarazada encuentre respuestas óptimas a sus demandas; y, finalmente, porque los daños que las madre gestante imprime en su futuro bebé no lo son tanto debido a ella sino a la gran receptividad emotiva del ser que está gestando.
(Articulo que me ha provocado muchísimo interés y he querido compartir, resulta increíble que de alguna manera NUESTRO FUTURO COMO INDIVIDUO QUEDA IMPRESO, desde la misma placenta!!!LA NATURALEZA SIEMPRE NOS SORPRENDERÁ.
2 comentarios:
Patanjali, hace cerca de cinco mil años, enseñó un sistema por el que había que reconducir cada efecto hasta su causa.
Este sistema lo llamó Prati prasav; significa que vuelves a nacer en la memoria, retrocedes hasta el mismo nacimiento, al trauma del nacimiento, y lo vuelves a revivir.
Un saludo y muy interesante.
Hola!
Estupendo post!
Siempre es lo mismo con cualquier técnica, llegar a la raíz del conflicto, vivenciarlo y disolverlo.
El alma lo resuelve en el mismo instante! pero el cuerpo qué es más denso necesita más tiempo para sanar...
Un abrazo
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