
Con más de 4.000 novelas románticas y 400 millones de ejemplares vendidos la escritora es la más leída en español después de Cervantes.
Ha muerto la madrugada de este sábado a los 82 años de edad en su domicilio de Gijón.
Reconocimientos:
1995: nombrada Hija Predilecta del municipio de El Franco.[2]
1998: Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.
1999: Medalla de Asturias.[3]
MILAGRO EN EL CAMINO: UN HOMBRE Y UNA MUJER
¡Le has curado, Abassi, le has curado!
- ¡Cállate!, no digas eso. - siseaba Abassi a su vez, tal vez tan asustado como su esposa- ha sido algo natural, el hombre tenía heridas muy superficiales. Mira, ya no se le ve, ha doblado el recodo del monte y se alejó a toda prisa.
- Abassi, yo te digo que le has curado, que tenía heridas y las vendas han caído de sus piernas y sus brazos dejándole totalmente curado. Había mucha sangre, Abassi, y después no había ninguna... y aquel agujero que tenía en el pecho...
- ¡Calla, calla! la sangre alarma mucho y parecía un agujero, pero no lo era. Yo no hice nada raro, Milani, me limité a curar sus heridas y el hombre se marchó a toda prisa. Es posible que llegue a Belgrado mañana a la noche, quizá vuelva a Kosovo, pero allí están los serbios y acabarán con su vida...
- Eso es lo que te duele, ¿verdad, Abassi?
- No, no. No me duele eso, yo me limité a curarle y el hombre ha salido por su propio pié. Eso es todo. Me preocupa la noche y que no he tenido tiempo durante el día de recorrer el entorno para no perdernos, para saber por dónde hemos de ir. Yo no tengo intención - decía con una triste fiereza- de retornar a Kosovo, ni de irme a Macedonia o Albania. Nosotros caminaremos sin parar, sin detenernos mas que para descansar. Quiero llegar a una tierra donde no haya ambiciones ni hambres ni poderes ni guerras...
- Esa tierra no existe, Abassi, en todas partes hay ambiciones y poderes y mentiras.
- Pero no hay guerras y los poderes que yo no ambiciono, y las mentiras que yo no digo no me conmueven porque sé superarlas. Lo que no se puede superar es la guerra, esta destrucción, este martirio, este morirse poco a poco en cualquier esquina. Milosevic puede estar conforme con su terquedad o su ambición. Es lo que no concibo, Milani, que por un solo hombre mueran tantos. Te diré algo más, en Albania y Macedonia se multiplican los refugiados.
- ¿Por qué lo sabes, Abassi, si no lo has visto ni funciona nuestra radio, ni sabemos nada del día que salimos de aquel infierno de Kosovo?
- En mi mente hay como una repetición, como un lenguaje mudo que me dice todo lo que está pasando en el entorno
- ¿Y qué haremos esta noche, Abassi? - Hace mucho tiempo, me lo decías ayer, Milani, que no nos reconocemos como hombre y mujer. Esta noche no caminaremos, los chicos están dormidos, les he dado la ración de queso y pan.
- Mucho te dura eso en el morral, Abassi.
- Es raro, sí, - decía dando cabezaditas- es raro que aún quede algo en el morral. Se dina que el pan y el queso, y hasta el agua de la cantimplora, crecen cada día con nuestras necesidades... pero esta noche, Milani, esta noche vamos a detenernos, no vamos a lanzarnos por el sendero, nos quedaremos en este recodo, en esta hondonada, con esta manta tendida en el suelo, aquí los dos. Somos jóvenes y el sentimiento nos une y hay que desahogar esas fuerzas que llevamos dentro, esas pasiones y esas ansiedades. Milani alzaba una mano y mientras Abassi la atraía hacia sí, ella alisaba una y otra vez el cabello crespo, rojizo, casi pelirrojo de su marido. Se diría que con la yema de un dedo contaba sus pecas, pecas que en el rostro del hombre salpicaban su gran morenura y se multiplicaban con densidad. Milani quería palparlas, contarlas, y sólo lograba acariciarlas suavemente. Abassi la escurría con suavidad bajo su cuerpo, la despojaba con cuidado de la zamarra, le desabrochaba la blusa, y con una delicadeza que parecía impropia de un hombre tan grande, deslizaba sus dedos temblorosos por los senos femeninos. Luego se acercaba más a ella y la apretaba contra sí de tal modo que Milani lanzaba un gemido ahogado y a su vez se aferraba a él.
- Hace mas de tres meses... - siseaba Abassi enternecido- que no te tengo así. Me había olvidado incluso de que soy un hombre, de que tengo deseos y necesidades... Te quiero mucho, Milani, te quiero tanto y quiero tanto a mis hijos que los tres formáis un bloque del cual nunca podré desprenderme. Hemos perdido muchas cosas, pero nos queda esto, el ánimo de estar juntos, de podernos besar y acariciar y de poseernos mutuamente.
Sus manos se perdían en el cuerpo tembloroso de Milani. La oscuridad iba haciéndose mayor y Abassi pensaba que no necesitaba ver la boca fresca de Milani, que palpaba con la suya, ni tampoco necesitaba ver sus ojos azules, que siempre le parecieron como trozos de cielo perdidos entre montañas verdes y aquel cuerpo bien formado, y los senos túrgidos y duros de mujer joven...
Suspiraban. La agitación se había adueñado de ambos, y bajo aquella noche oscura y sin estrellas, donde se iluminaban los misiles que cruzaban el cielo y estallaban allá a lo lejos, desplegando una lengua de fuego vivo, la pareja se retorcía de placer, se decían frases, se confundían los suspiros, y cuando llegó el éxtasis al unísono, Abassi siseó en el oído femenino:
- Siempre logramos ser felices al mismo tiempo... no sé si es habilidad tuya o mía, pero sin duda es algo que nos concierne a los dos. Así nacieron nuestros hijos y así vivimos algo hermoso, recordando, de tarde en tarde, que somos seres humanos.
- Abassi, Abassi, te adoro...
- Ya lo sé, Milani ¿qué haría yo sin ti en este mundo tan oscuro lleno de tinieblas?
Y así, en un murmullo, se quedaron dormidos. Posiblemente era la primera vez que Milani y Abassi se dormían plácidamente olvidándose de la tragedia que se cernía sobre ellos. Cuando empezó a amanecer, Abassi y Milani se miraron consternados, pero de pronto, una risa amplia pareció abrir sus bocas, curvar aquellos labios que tanto se habían besado la noche anterior. Una íntima complicidad parecía unirles. Milani se levantó muy despacio diciendo en voz muy baja:
- Abassi, ayer noche se diría que estábamos aún en Kosovo, que tú eras el gran ebanista y yo tu esposa que te llevaba café, ¿te acuerdas?
Por toda respuesta Abassi se levantó y abrazó a su mujer. Habían cesado los misiles y había un silencio sobrecogedor entorno a ellos. Sólo se vela a los lejos el humo y el fuego, restos, sin duda, de la batalla de la noche anterior. Alvi y Yerai se levantaron a su vez y corrieron hacia sus padres.
- No hemos caminado esta noche. - decía Alvi.
- ¿Por qué, papá? - preguntaba Yerai.
- A veces hay que detenerse en el camino - sonreía malicioso Abassi- hay que detenerse, vivir y pensar. Pero hoy volveremos a caminar. Un día, sin duda, llegaremos a la civilización y empezaremos una nueva vida.
Milani - añadía Abassi- dale un peine a Yerai. Yo iré a buscar algo de nieve para lavar sus rostros.
Y se alejaba pesadamente por aquel camino angosto que no sabia a dónde conducía. De repente, se dio cuenta de varias cosas y se sentó en una piedra para mirar a lo lejos. Necesitaba reflexionar. En el fondo, tenía razón Milani, había curado al enemigo moribundo y aquel había caminado por su propio pié. Tenía apetito y vio, no lejos, una mata de la hierba que lo alimentaba, Se levantó y caminó hacia ella. Empezó a comerla sin apresuramiento. La masticaba despacio y por la comisura de sus labios resbalaba un agua verde que él sorbía con ansiedad. El hambre se iba disipando y Abassi se sentó de nuevo sobre un peñasco y reflexioné sobre aquella situación. Las hierbas saciaban su apetito, llenaban su estómago, y lo curioso era que no le repugnaba. En cambio, una fuerza íntima interior parecía invadirle, era cono si sus músculos se relajaran, como si un poder infinito se apoderara de su fortaleza y le hiciera mayor. Volvió a pensar fugazmente en el hombre que habla curado, en el pan y el queso, que crecían todos los días en su morral... ¿cómo era posible? Si tenía que haberse terminado ya y sin embargo, siempre que metía la mano en el morral, encontraba el trozo de queso y una hogaza de pan y agua en la cantimplora... ¿a qué se debía aquello?. Pero no era el momento ni la hora de preguntárselo ni él podía tampoco averiguar los milagros de la vida y del ser humano, quizá milagros ancestrales que estaban ocurriendo desde aquel momento en que el fuego abrasador arrasó su casa y hundió a toda la familia menos a él mismo, al perro y a su mujer e hijos. Sacudió la cabeza con bríos y, vigoroso como se sentía, aunque no pensaba comunicárselo a su mujer, recogió más hierbas, las metió en el morral y retrocedió sobre sus pasos.
- Esta noche - dijo al llegar junto a su familia- emprenderemos nuevo camino. Había visto una luz extraña mostrándole un sendero sin aristas, sin montículos, como si una mano interior, aquella mano ancestral que le guiaba, le indicara que no se le ocurriera tomar otro sendero.
- No sé el camino que habremos recorrido, - añadió sentándose al lado de sus hijos- son muchos kilómetros, muchas leguas, pero aún hemos de recorrer mas. Hemos pasado cerca de Pristina, quizá estemos rozando una esquina de la frontera de Albania, pero no nos detendremos hasta llegar a Podgorica, por la orilla del mar entraremos a Bosnia Herzegovina. Hay que alejarse de este infierno y entraremos en otra civilización, habrá ambiciones y mentiras, como dice vuestra madre, pero al menos, nos salvaremos de la guerra - sacó del morral un trozo de pan y de queso y se alargó a su mujer- Come, Milani, los chicos ya no tienen hambre, al menos de momento, y al anochecer, emprenderemos de nuevo el camino.
Curry jugueteaba entorno a ellos, parecía muy contento. Era un perro de pelo negro con una pinta blanca en el lomo y lamía las piernas de los dos muchachos. Al llamarlo Milani, corría a su lado y se acurrucaba contra ella.
- Podríamos dar una vuelta por estos contornos, papá -dijo Alvi- quizá podamos cazar algún animal para comernos después. ¿Nos das permiso, papá?
Abassi asintió. Los dos muchachos echaron a correr oyendo la voz de su padre.
- No os alejéis, al anochecer emprenderemos de nuevo la marcha. Mientras hablaba, Milani miraba su marido, a Milani le gustaban las pecas de Abassi y su pelo rojizo y crespo. Abassi sonrió maliciosamente y arrastrándose por la maleza, murmuró a su mujer.
- Milani, ayer noche casi olvidé nuestra tragedia.
- Y yo, Abassi, ¿te das cuenta de lo que supone el placer entre un hombre y una mujer? ni las miserias ni el hambre ni nuestra fatiga han menguado nuestro amor.
Y como alzaba la cabeza tendido en el suelo hacia su esposa, ella le acariciaba el rostro con lentitud.
- Cuánto daría, Abassi, por empujar el tiempo y que llegase el momento de formar un nuevo hogar... y como en otra época, yo haciendo la cena y entrando tú, llenando la puerta con tu estatura, cansado, fatigado del trabajo, pero siempre ofreciéndote a ayudarme a fregar los platos, o el suelo, o a acostar a los niños... y cuando la abuela Ebrain lloraba de dolor y tú le acariciabas una pierna y yo La otra intentando que el dolor menguara en nuestra madre.., cuando pienso como chirriaba su vieja carne al morir quemada bajo las brasas...
- Prefiero no acordarme de todo eso, Milani, prefiero no acordarme, aquel día que dejamos Kosovo entre las llamas, iniciábamos una nueva vida, para bien o para mal, y ya ves, esta noche nos encontramos como dos seres humanos marginando la angustia, el dolor, la necesidad y el frío...
- ¿Te das cuenta, Abassi? - murmuró Milani pensativa- No sentimos frío, los chicos no se quejan y el ambiente es helado... Tal se diría que una capa nos protege y nos cubre a todos y disipa esa gélida mano que agita las ramas de los árboles y que obliga a crujir el camino bajo nuestros pies. ¿Seremos seres sobrenaturales, Abassi?
- Claro que no, Milani, claro que no.
Anochecía ya y Abassi llevó los dedos a la boca y lanzó un silbido. Casi inmediatamente, apareció Curry sofocado y tras él Yerai y Alvi.
- Hay que emprender la marcha, de momento, la noche es nuestra amiga. Caminaremos por un sendero que he visto, no hay peligro de caemos por los barrancos, discurre en el medio de la montaña y además tenemos el mar al lado. Recuerdo que en una ocasión estuve en Milán, quizá Venecia, ya no lo sé. Sé que el mar allá abajo se parece, estos días sin temporal, a aquella mar apacible que vimos una vez vuestra madre y yo cuando fuimos de luna de miel...
7 comentarios:
Corin Tellado...Que Lástima...siento su muerte, de verdad.
Cuando he visto esa imagen, sabes a que me ha recordado? A ti y a la mayor en la playa con esas novelas de amor...parecía que vivíais en un mundo de amor...solo en verano...a mi me encantaba veros ahí leyendo (lugo ls cgía, alguna vez a escndidas, para ver que leíais, pero como no entendía ni papa...pues desistí.
La verdad es que con el tiempo, tampco he sido una lectora ferviente de algún género en concreto, pero si leo aquello que me da el impulso de leerlo.
De echo, teng un montón delibros, que me compro, pero no leo. Los empiezo a leer, con los años, cuando a mi me apetece...jeej.
Soy rara hasta para eso. Que le vamos a hacer...
Un beso muy grande mi niña!!!!
THQTQMMMMMMMM!!!
ACABO DE VER LA NOTICIA¡¡¡
UNA GRANDE Y QUIEN NO HA LEIDO ALGUNA NOVELA SUYA POR MAS QUE LA HAYAN TILDADO DE CURSI??
UN PENSAMIENTO PARA ELLA EN ESTE DIA¡¡¡¡
BESOS
no voy a negar que lei novelas de Corin Tellado pero hace mucho, mucho mucho tiempo, quizas antes de descubrir yo misma el amor, cuando me creia que todo era de color de rosa tal y como contaban esas novelas, luego las arrincone, y nunca mas he vuelto a abrir una ni a comprarla tampoco, pero supongo que a las personas un poco mas soñadoras con menos los pies en el suelo que yo seria un genero que les ayudaria a superar ciertos contratiempos en casa... mis condolencias para sus lectoras.
Corin Tellado, escritora para muchos "menor", sin embargo, con su fantasia sin límites, con su trabajo incesante, a muchas mujeres de otras generaciones les inculcó el hábito e la lectura.
De todas formas, quien dice que es escritor es mejor o peor?
Suns 400 millones de libros vendidos la avalan.
Al César lo que es del César....
Me uno a tu homenaje.
Un beso
Nunca he leído esas novelas pero son verdaderas historias de amor. La literatura romántica pierde una buena autora.
Me ha encantado el texto: el amor siempre es el eje central de todo. Lo que no consiga el amor es entonces un imposible.
Un abrazo Nyma
Cuanto romance!
=) HUMO
REcuerdo ver leer a mi madre novelas de Corín Tellado. Creo que yo llegué a leer alguna. Hacía soñar a las personas románticas como yo.
Un beso.
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